Skip to main content

Fumar y lo inconsciente

El fumar desde el psicoanálisis

Por Susana L. Ruiz, psicoanalista en Madrid

 

Las consultas al psicoanalista de personas que fuman

 

Una persona me consultó hace años porque se dio cuenta de que, tras periodos en los que no fumaba, volvía a recaer con gran intensidad pasados los meses e incluso los años. En el trabajo psicoanalítico pudimos poner de manifiesto que esas “subidas y bajadas” estaban alineadas con lo que acontecía en su vida emocional y con sus intentos fallidos de autorregularse. En concreto, los episodios de mayor consumo coincidían con momentos de mayor tensión emocional, mientras que los periodos de abstinencia se asociaban a fases de mayor estabilidad. Este patrón sugería que el tabaco funcionaba como un recurso de regulación afectiva ante dificultades para gestionar sus emociones de forma más adaptativa.

Otra persona me consultó, e igualmente fumaba de forma compulsiva y pudo descubrir que lo hacía tal y como lo hacía su padre fallecido, con quien mantuvo una relación conflictiva desde la infancia.

Un varón me consultó al leer este artículo. Fumaba mucho y tenía mucha ansiedad ante la potencial muerte de su madre, de quien dependía todo su mundo afectivo.

 

Propósito de esta lectura

 

El objetivo de este artículo es mostrar al lector, desde una mirada psicoanalítica, algunos de los motivos inconscientes por los que una persona fuma.
En ningún caso se presentan consejos para dejar de fumar, o se analiza la sustancia en sí misma y sus nocivos efectos para la salud, pues ello debería consultarse con un médico especialista.

Lo que aquí se pretende es:

  1. Dar algunas pautas para comprender qué significa “fumar” y lo que se oculta debajo del acto de fumar.
  2. Mostrar que, haciendo conscientes las causas por las que un fumador fuma, podría reducirse el consumo de la sustancia (la adicción a la nicotina).

 

El tabaquismo visto desde el psicoanálisis

 

Generalmente, en el lenguaje popular se dice que “se fuma para relajarse”.
Sin embargo, el psicoanálisis de Freud permite pensar que es porque el sujeto está ansioso y desconoce las causas por lo que fuma para tranquilizarse. Visto así, fumar es consecuencia de que se padece ansiedad; para reducirla, se fuma, entrando casi siempre en un círculo vicioso.

Cuando la energía en forma de tensión está descontrolada en la mente, se “adhiere” al tabaco o a otras sustancias – objeto, sin que apenas la voluntad pueda resistirse. Aunque esa tensión es susceptible de engancharse a la bebida, las drogas, el juego, el sexo, el uso del móvil o a otra solución desadaptativa.

Además, es fácil asociar el fumar con situaciones específicas (cuando me enfado con mi pareja, cuando estoy triste o solo, cuando estoy aburrido, en lugares de ocio…), lo que vuelve el acto de fumar incontrolable y hace al individuo dependiente.

Como resultado, todo fumador sabe que es difícil parar una vez que se enciende un cigarrillo. El patrón se vuelve repetitivo e ingobernable, como consecuencia de la dependencia física y psicológica, pero, sobre todo, de no preguntarse qué es lo que pasa dentro de uno mismo.

Por tanto, se fuma para liberar una tensión interna, generalmente desconocida, oculta e inconsciente, que tiene que ver con el ánimo, la ansiedad o la angustia dentro del psiquismo; con lo que sucede en el interior de la persona.
Se enciende un cigarrillo para eliminar lo conflictivo y tratar de restablecerse internamente. Sin embargo, el alivio dura poco y rápidamente se necesita otro cigarro: cada vez se desea más nicotina para producir el mismo efecto (tolerancia).

 

¿Qué es lo que le produce malestar a una persona?

 

Traer a la conciencia los motivos por los que se fuma compulsivamente es doloroso; lleva un tiempo y un esfuerzo que no todas las personas están dispuestas a asumir. Acudir a un psicoanalista para conocerlos es, sin duda, saludable.

Porque evitando “tomar las riendas” de la vida o dejando pasar el tiempo, nada se resuelve. Por el contrario, el nivel de malestar se eleva cada vez que se deja de fumar (abstinencia), y entonces la secuencia comienza otra vez.

Por último, el no identificar las causas subyacentes que provocan ansiedad es, en realidad, lo que produce la conducta adictiva de fumar de manera compulsiva.

Motivos emocionales por los que se fuma

 

Así, algunos de ellos:

  • Angustia que se instaló hace tiempo en nuestra infancia o en algún momento de nuestras vidas. El cigarro aparece como un sustituto para nutrirnos, darnos afecto, acompañarnos y generar sensaciones de placer alrededor de la boca, de forma análoga al cuidado del pecho materno.
  • Miedo, culpa o duda por desear hacer algo impropio, contrario al deber. Fumar nos hace “libres” mediante un escape. Entonces, se exhala el humo que libera de obstáculos, obsesiones y deseos reprimidos: la libertad de fumar.
  • Soledad en el estómago. Con cada cigarro se pretende llenar el vacío que supone estar solos, tristes, con desesperanza o abatidos. “Matar el tiempo”, se dice.
  • Placer de fumar. En un principio, fumar conecta con la vida, con lo social, con esos momentos especiales. Lo placentero en torno a la boca, que evoca el pecho materno. Pero el placer suele transformarse en goce y en el desenfreno de la adicción.

 

Artículos relacionados

 

¿Sexo primero, amor después?

La sexualidad según Freud

¿Se cuida por dentro?

Definiendo el psicoanálisis y el trabajo del psicoanalista