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Psicodinámica del comportamiento económico

Por Susana Lugo Ruiz.

Contacto: info@bienestarpsicoanalisis.com 

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Economista colegiada, psicoanalista y psicoterapeuta acreditada por la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas (FEAP). Candidata al Máster en Psicología Clínica, Jurídica y Forense de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), con formación de Máster en Gestión Sanitaria (UDIMA), Dirección Comercial y Marketing (ESIC Business School) y Recursos Humanos (UAM).

 

El comportamiento económico y el malestar

 

Observamos la clase de funcionamiento económico en las psicopatologías individuales, en las conductas corruptas de gobernantes y ejecutivos, en el fondo de crímenes familiares, en los conflictos grupales y sucesiones de empresas, en las finanzas de un individuo o de un hogar, o también en la distribución marcadamente desigual de la riqueza mundial con sus implicaciones en guerras, pobreza, migraciones, medio ambiente o en el acceso a la sanidad.

Es difícil que la economía no esté implicada en alguna actividad humana. Y resulta prácticamente imposible excluirla de cualquier análisis sobre el funcionamiento humano y sobre los desafíos más importantes que la humanidad tiene por delante.

La economía no es solo dinero, es la forma en que se distribuyen unos recursos siempre limitados, un proceso que llevan a cabo los propios seres humanos a través de su funcionamiento mental, tanto individual como colectivo, consciente e inconsciente.

Ante la economía y sus retos, el sujeto puede reaccionar desde una pulsión destructiva y enferma o, por el contrario, responder desde la vida y los vínculos basados en el cuidado, la cooperación y el amor.

Para mí, comprender el comportamiento económico resulta mucho más complejo de lo que suele plantearse desde una perspectiva psicológica exclusivamente cognitivo-conductual.

Las decisiones económicas no dependen únicamente de la consciencia, sus sesgos cognitivos o de patrones de conducta observables, sino también de factores emocionales, sociales y culturales que no son tan visibles.

Esta complejidad comenzó a adquirir un reconocimiento amplio cuando, en 2002, el psicólogo Daniel Kahneman recibió el Premio Nobel de Economía. El galardón le fue concedido por sus aportaciones al estudio de la toma de decisiones en contextos de incertidumbre y riesgo, así como por integrar conocimientos de la psicología en el análisis económico. Su investigación cuestionó la concepción clásica de que las personas actúan siempre de manera lógica y racional, para demostrar que nuestras decisiones están influidas por atajos mentales, sesgos cognitivos y limitaciones en el procesamiento de la información.

Sin embargo, como economista y psicoanalista, este posicionamiento de la psicología me resulta insuficiente.

Así, desde una perspetiva psicodinámica, el comportamiento económico no puede reducirse únicamente a mecanismos cognitivos, ya que en él intervienen deseos, conflictos psíquicos, identificaciones, normas y pulsiones que no siempre son conscientes, sino inconscientes.

Les planteo algunas preguntas para reflexionar:

  • ¿Nos da placer acumular dinero?
  • ¿Cómo decidimos qué marcas incluir en la cesta de la compra?
  • ¿De qué forma compramos, gastamos o ahorramos?
  • ¿Nos gratificamos consumiendo bienes y servicios?
  • ¿Por qué atribuimos un valor sentimental elevado a un objeto cuyo valor económico es insignificante?
  • ¿Cómo decidimos dejar, repartir o aceptar una herencia?
  • ¿Qué valor nos asignamos profesionalmente?
  • ¿Es ética la manera en que hacemos negocios?
  • ¿Cómo justificamos las guerras y el poder para obtener riqueza y recursos?
  • ¿Elegimos o deseamos a nuestras parejas según su economía?
  • ¿El matrimonio es un negocio?
  • ¿Decidimos tener descendencia en épocas de bonanza o de crisis económica?
  • ¿Cómo se gestiona la agenda del sistema nacional de salud y la sanidad privada?
  • ¿Cómo vivimos la dimensión económica en nuestra infancia? ¿Predominaban las carencias, la privación, la inestabilidad, la seguridad financiera o la abundancia?
  • En nuestra familia, ¿quién aportaba principalmente los ingresos al hogar: nuestro padre, nuestra madre, ambos progenitores o algún hermano?
  • ¿Nuestros compañeros de grupo tienen más o menos capacidad económica?
  • ¿El salario o ingresos que obtenemos influyen en nuestra salud mental?
  • ¿Tiene alguna relación el dinero y la sexualidad?

El funcionamiento económico humano no responde únicamente a procesos racionales o sesgados cognitivamente, hay más en la profundidad. Está influido por nuestro mundo interno, nuestras emociones, nuestros vínculos afectivos y los conflictos inconscientes que organizan nuestra relación con el deseo, la pérdida, el poder, el narcisismo, las experiencias familiares, el desarrollo psicosexual.

A pesar de ello, todavía no siempre se considera suficientemente la economía como una ciencia social con un impacto directo en la salud mental, y a la inversa, o se la aborda solo de forma muy parcial y casi siempre desde análisis politizados.

Lo cierto es que toda actividad económica implica intercambio, necesidades, frustraciones, carencias, decisiones, conflictos, formas de relación, amor u odio; es decir, participa en la construcción del psiquismo y de las civilizaciones. El funcionamiento económico se enmarca, así, en la perspectiva psicosocial de la salud mental desde mi punto de vista.

Ya Sigmund Freud se refirió a la etapa anal como una fase del desarrollo psicosexual que ocurre aproximadamente entre los 18 meses y los 3 años de edad, que tiene que ver con el control de los esfínteres, en la que se fijan rasgos más retentivos (control, posesión) o expulsivos (desprendimiento, impulsividad) en la psique de la persona. Desde ahí parte su asociación simbólica entre las heces —el primer objeto que el niño siente como propio— y el dinero y el manejo de las posesiones; de la psique del ávaro a la del generoso, invito a pensar.

 

Psicodinámica del comportamiento económico

 

A modo de reflexión personal:

  1. Hace poco, un psiquiatra me decía que era preferible que los economistas no nos adentráramos en el campo del psicoanálisis, como si la economía pudiera comprenderse al margen de la historia del pensamiento y de la complejidad de la experiencia humana.

  2. La resistencia, incluso con agresión hostil, de muchos psicólogos e instituciones de la psicología ante mi incursión en el estudio del funcionamiento psíquico es sobradamente conocida, tanto en España como relativamente fuera de ella. Me llamaron «intrusa», aunque mi ciencia les ha otorgado un Nobel a ellos, y no ha sido al revés.

  3. Sin embargo, para mí, «pensar la economía» implica también preguntarnos cómo los seres humanos deseamos, elegimos, competimos, cooperamos, y nos relacionamos con los demás, consciente e inconscientemente.

  4. Desde una perspectiva psicodinámica, la economía puede analizarse tanto en el plano microeconómico, atendiendo a la organización intrapsíquica del individuo, como en el macroeconómico, considerando los fenómenos intersubjetivos colectivos, geopolíticos y sociales.

  5. Creo que el pensamiento económico debe integrarse con el pensamiento psicoanalítico, como una forma de analizar y comprender el malestar de las sociedades y los actos humanos.

 

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